¿Qué nos enseña esto de quedarnos en casa?

Por difícil que pueda parecernos pensar, en qué cosa nos trae de positivo la presencia, ya inevitable del virus en nuestra comunidad, sí es posible y, además, necesario.

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Todos podemos escuchar a nuestro alrededor opiniones, acerca de la incertidumbre y temor que esta pandemia ha traído a nosotros, modificando nuestros modos de relacionamiento con nuestras familias, y con los diferentes grupos humanos a los que pertenecemos. Y si bien es importante reconocer para aprender a manejar estas emociones, existe también otra forma de pararse frente a esta realidad, que no es menos importante.

 

Este tiempo nos impone una actitud de recogimiento, que constituye una verdadera oportunidad para la reflexión  acerca de la relación con nosotros mismos y con quienes nos rodean, nos referiremos a la posibilidad de ubicarnos dentro de una zona de crecimiento.

 

 El tiempo detenido al que a muchos obliga la cuarentena, lejos de ser tiempo perdido, puede ser tiempo creativo, que nos lleve a sintonizar con el sentido de nuestras vidas. Preguntarnos acerca de nuestros propósitos, para despejar y redefinir rumbos, o descubrir antiguos anhelos postergados, vocaciones del alma.

 

El tiempo de quietud puede ser fructífero, cuando nos permitimos conectarnos con nuestra voz interior, y explorar y habitar nuestra vida cotidiana, volviéndola una experiencia más íntima. No hablo de grandilocuencias, sino de la importancia de los gestos sencillos que se esconden entre los actos más cotidianos y simples.

 

Descubrir pequeños placeres, dejar aflorar aquellas habilidades de nuestra infancia, y también descubrir otras nuevas, desconocidas, puede proporcionarnos un significado nuevo, además de ser una forma genuina de canalizar nuestras emociones más profundas. La expresión a través de la plástica, moldeado o dibujo, es una actividad recomendable, pues la libre expresión constituye un canal privilegiado, para el reconocimiento y elaboración a través de imágenes, de las emociones que provienen de nuestro mundo interior.

 

Ahora, en relación a la vida dentro de la comunidad, vemos cómo virtudes cardinales cobran vigencia, desplazando egoísmos e individualismos. Cada uno de nosotros podría contar historias de solidaridad, que en el plano social dan cuenta de esto. La suma de voluntades y de actos de esta naturaleza, nos invitan a repensarnos como seres sociales, colectivos, inevitablemente y felizmente interconectados. Esta es la esencia de lo que llamamos humanidad.

 

Con esto quisiera invitarlos a repensar este tiempo de incertidumbre, como una oportunidad de encuentro con nosotros mismos, y en relación a la responsabilidad que nos cabe a cada uno como ser humano, en la construcción de relaciones más solidarias. Porque de esto se trata Ser Humanos.

 

 

                                                                                                                                             Lic. Psic. Virginia Eguren

 

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