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Otros tiempos, otras latitudes

Hay historias que merecen ser contadas. Te invitamos a compartir también tu historia personal o una anécdota interesante.

Isabela Apiquian
Isabela Apiquian nació en Uruguay, pero su familia proviene de Armenia. Como la mayoría de los inmigrantes que hicieron el país que hoy somos, sus antepasados contaban muchas cosas de su vida en otros continentes y de los viajes “eternos” para llegar al nuevo hogar lejos de guerras y guerrillas.
 
Una historia se destaca entre todas en su familia: el casamiento de sus abuelos. Isabela ríe al comenzar a contar la historia de quienes fueran los padres de su madre, dos armenios nacidos y educados en el Líbano. Para entrar en contexto, cabe recordar que El Líbano, es un país de Oriente Próximo que limita al sur con Israel, al norte y al este con Siria, y está bañado por el mar Mediterráneo al oeste; que fue parte del Imperio Otomano desde 1516 hasta 1918, cuando éste se derrumbó al final de la Primera Guerra Mundial y que a partir de ahí y hasta la década del 40, el territorio estuvo bajo mandato francés, que expandió las fronteras del Gobernación del Monte Líbano, de mayoría cristiana, incorporando otros de mayoría musulmana al país.
 
Los abuelos de Isabela se criaron allí, entre guerras y guerrillas político-religiosas, “y frecuentaban a los compatriotas” que, como ellos eran armenios.
 
“Entre la gente que frecuentaba mi abuelo, había un matrimonio que tenía tres hijas casaderas, y él se fijó en la mayor porque, entre otras cosas, le gustaba su manera de hablar” cuenta Isabela. El por aquella época joven libanés “decidió pedir a la madre que le reservara a la hija mayor para casarse, y ella dijo que sí, porque tanto ella como su esposo lo conocían bien”.
 
La sorpresa
 
“En ese entonces era imposible salir demasiado, conocerse más antes del casamiento” explica Isabela, acerca de por qué su abuelo no vio a la novia hasta el día de la boda.
 
Cuando el gran día llegó, familiares y amigos del joven se reunieron en la Iglesia, porque como aclara su nieta, por aquellos tiempos no había registros cívicos y los nacimientos y las bodas se anotaban en la Iglesia.
 
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Todos esperaban con ansias a la novia, y cuando ésta entró en la Iglesia, “el novio quedó sin habla, porque no era la que él había pedido, sino la menor de las tres hermanas”. Confundido y asombrado, el novio recurrió a sus amigos y familiares por un consejo, que fue “cásate con ella, es la menor y es más bonita”, cuenta Isabela divertida: “¡Como si fuera una mercancía!”. Siguiendo el consejo, el hombre se casó; el matrimonio fue un éxito y la pareja fue muy feliz; así lo asegura su nieta, hija de la primogénita de los protagonistas de esta boda digna de una película de enredos.
 
Isabela cuenta que toda la familia, incluso la novia, conocían con detalles la gran anécdota gracias a la cual, frecuentemente, su abuelo era objeto de bromas por parte del resto del clan. “¡Elegiste a la mayor, pero te casaste con la menor!, recuerda ella
que le decían a él.
 
Nuevos horizontes
 
Su padre, junto a su abuelo materno, fueron los primeros en llegar a tierras uruguayas. Cansados de tantas guerras y guerrillas y de disputas entre católicos y musulmanes, vinieron a probar suerte al continente americano, y trabajaron para juntar el dinero para traer al resto de la familia.
 
Cuando lo lograron, la abuela de Isabela junto a sus hijos, entre ellos la madre de nuestra narradora, partieron en barco desde el puerto de Marsella. Sin embargo, otro hecho insólito sorprendería a la familia: “En el viaje, el Capitán del barco murió de sarampión, e hicieron que el navío diera vuelta y volviera a Marsella”.
 
Durante un tiempo, la familia tuvo que esperar en esa ciudad a que los hombres en Uruguay lograran reunir nuevamente el dinero para otro viaje. Mientras tanto, la madre de Isabela, que bordaba muy bien y además hablaba francés porque había ido a un colegio bilingüe, trabajaba haciéndole ajuares a chicas americanas, y así pagaban la transitoria estadía familiar en un hotel.
 
 
Finalmente les volvió a llegar el dinero, y la familia pudo reunirse nuevamente en Uruguay para, entre todos, hacer de éste su hogar.
 
 
 
 
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